¡No pude!Fecha de publicación: 30/09/2020

¡No pude!

Era el año 2016, después de 02 años regresé a mi Club de Conquistadores inicial y encontré un verdadero caos, desánimo y dispersión; los chicos y chicas de los que me había despedido ya no sentían ningún interés en asistir al Club y mucho menos a la iglesia, bajo las más variadas excusas. Cuánta tristeza me envolvió en ese momento; entonces decidí tomar manos en el asunto y tratar de recuperar la alegría que solía ver. Abrimos un Grupo Pequeño, con canciones, debates y siempre con un mensaje final.

Las primeras reuniones fueron un éxito, mucha ánimo y participación masiva, esto calienta el corazón de cualquier líder. Pero luego vino un bajón, las ausencias eran más frecuentes y la habitación estaba vacía cada semana. Las llamadas telefónicas y los mensajes eran constantes, en un intento desesperado por ver a esos muchachos y reavivar la llama de la esperanza de ver a Jesús regresar, del deseo de servir, pero parecía que mis intentos y oraciones eran en vano. Hasta que uno de los viernes por la noche, en una reunión con algunos de ellos y con el corazón roto, terminé con un mensaje, esta vez sobre el glorioso regreso de Jesús y su reino. Concluyendo con una simple pregunta: ¿Quién aquí tiene el deseo de ver regresar a Jesús? Y uno de los muchachos respondió con calma y frialdad - "No lo sé", le repetí la pregunta dirigida a él para saber si lo había entendido bien, la respuesta fue un poético "no”.

Sentí un profundo disgusto, como si todo lo que había hecho hasta ahora se hubiera arruinado y mi papel como líder fuera un desastre. Me tomó mucho tiempo antes de que el “no” dejara de resonar en mi mente, lo cual solo sucedió cuando, en oración, recordé un verso: “Y cuando él (Espìritu Santo) venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. ". Juan 16:8. ¡Reúna a todos, persista, proclame el mensaje, esa era mi misión, pero el poder transformador no era mío! Ningún repertorio hermoso al son de una guitarra, ningún mensaje impactante que incluso les hiciera llorar, fueron capaces de moldear esos corazones agitados por la adolescencia si ELLOS y solo ELLOS no permitían que el Espíritu de Dios lo hiciera.

Muchas veces caemos en el gran error de encontrar que la emoción lleva a la transformación y, que ese poder transformador está en nuestras manos, invertimos tiempo en programas atractivos y predicaciones alegóricas, y finalmente salimos frustrados por los resultados invisibles o incluso pasajeros como fuego en paja. Lo cierto es que, lo “único” que podemos y debemos hacer es esforzarnos por ser vasijas que vierten el agua de la vida en otras vasijas, pero que permitan que se llenen y permanecer llenos, va mucho más allá de nuestra limitación humana, ¡Así que ve y hazlo! que cada acción sea colmada de amor, entrega y oración. Si los resultados llegan, ya no depende de ti, el Espíritu Santo persistirá, porque tampoco entrarás por la puerta sin que te den la llave.

“Dios pudo haber confiado a los ángeles celestiales el mensaje del evangelio y toda la obra del ministerio amoroso. Podría haber usado otros medios para lograr Su propósito. Pero en su amor infinito, eligió hacernos colaboradores con él, con Cristo y con los ángeles, para que pudiéramos participar de la bendición, el gozo y la elevación espiritual que resultan de este ministerio desinteresado". Camino a Cristo, pág. 79.

Jacques Silva

Jacques Silva